miércoles, 10 de septiembre de 2008

Lehman o el problema de ver las barbas del vecino pelar

valor_anadido S. McCoy - 10/09/2008

Es lo que tiene. Cuando uno abre la caja de los truenos y adopta medidas excepcionales para determinadas compañías, como mal menor y ante la amenaza de un riesgo superior que puede poner en peligro la estabilidad del sistema, se expone a que ocurran cosas como las que acontecieron ayer con Lehman Brothers -que se dejó por el camino más del 40% de su capitalización bursátil-, que provocaron que el subsector de financieras del S&P500 se desplomara por encima del 5,5%, para convertirse así en el mayor contribuyente a la caída de un selectivo cuyas pérdidas alcanzaron el 3,5% bajo el peso adicional de las ventas de unas petroleras que sufrieron el nuevo ajuste a la baja del precio del crudo. Está visto, con esto del petróleo, que los dioses castigan a los inversores con sus deseos. Qué barbaridad.

El argumento formal para la caída no fue sino la ruptura de negociaciones entre el Korean Development Bank y el banco de inversión norteamericano, encuentros que tenían por objeto de incorporar al primero al capital del segundo. mediante una ampliación de capital que le permitiera restaurar sus ratios de solvencia y hacer frente a un plan estratégico en el que se contemplaba la venta de su gestora de fondos, Neuberger Berman, y los activos inmobiliarios comerciales de su cartera. Una noticia importante pero no tan dramática especialmente cuando, en las últimas dos semanas, la prensa se había dedicado a filtrar, un día sí y otro también, las últimas noticias relativas a las conversaciones sin que la reacción del mercado fuera tan extrema como ayer.

Sin embargo, la intervención de Fannie Mae y Freddie Mac ha supuesto un punto y aparte en la mentalidad de los inversores de Estados Unidos y, por ende, de todo el mundo financiero internacional. El mensaje que el Tesoro y la Reserva Federal, en el caso Bear Stearns, han lanzado al mercado no puede ser más unívoco: estamos ahí para evitar que el colapso de una entidad se lleve tras de sí, a través de la exposición directa a la misma o el riesgo de contrapartida, el sistema financiero como las fichas de un dominó. El riesgo moral como excusa, válida por otra parte desde esa óptica, para garantizar el normal funcionamiento de la economía financiera. De acuerdo, hasta ahí la parte positiva de tan arriesgada y arbitraria proposición, en tanto en cuanto la repercusión de un acontecimiento de ese tipo es cuantificable objetivamente por lo que respecta a la firma afectada, pero los efectos de la onda expansiva que provoca sólo pueden ser susceptible de estimación más o menos cercana, dada la globalización de la economía financiera. A favor de los ejecutores está su teórica mayor capacidad de aproximación.

No hay rosa sin espinas. Por supuesto. Pero hay veces también en que la flor brota en medio de un zarzal y uno tiene que medir muy bien si, el daño que le pueden causar los intentos por cogerla, le compensa. Lo que hicieron, ya en el mes de marzo con Bear Stearns y a lo largo del fin de semana con las agencias hipotecarias, las autoridades del mayor mercado financiero fue tomar decisiones extraordinarias sin tener en cuenta todas y cada una de las consecuencias que, de su actuación, se podían derivar. En la medida en que parecían querer decir que si una compañía emblemática entra en una espiral de desconfianza, y ayer fueron dos porque habría que añadir a la lista a la aseguradora AIG que se dejó casi un 20% por el camino, lasolución puede venir en forma de una nueva intervención que deje a los accionistas ordinarios con el coxis al albur de las ventoleras y su inversión a valor simbólico residual; a los preferentes, sin el dividendo al que eran acreedores; y a los titulares de activos de renta fija con la duda de si finalmente van a poder recuperar su exposición o no, no es de extrañar, ante esa perspectiva, que ayer hubiera carreras por salir del valor. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...

Si no eres parte de la solución, eres parte del problema, dice el aforismo cuya procedencia geográfica me siento incapaz de identificar. Pero cuando los causantes, tanto en el origen por omisión como en la resolución por acción, de gran parte del desaguisado financiero que caracteriza la crisis actual son los que determinan el precio del dinero, principal activo con el negocia la banca, y las reglas en el uso del mismo por parte de las instituciones, el prescindir de ellos se convierte en una quimera de imposible concreción. Sin embargo, lo que no se pueden empeñar, ni el ámbito político ni el monetario, es en hacer las cosas más complicadas de lo que ya son creando expectativas de ensoñación bursátil que al día siguiente muestran su rostro más duro. Alguno tendrá que ser el primero en caer por ley natural. Puede que sea Lehman o no. Pero la solución de esta crisis pasa porque así ocurra. Lo contrario ya lo conocemos y, al menos de momento, funciona más bien mal. A los hechos me remito.

Fuente: Cotizalia

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