Hoy les pido un pelín de comprensión. Les escribo desde la cama y con 39 de fiebre por lo que no me encuentro en mi mejor forma, la verdad. Si me voy por los Cerros de Úbeda, espero que lo sepan disculpar. Dicho esto, vamos al ataque que no hay nada mejor que someterme a su escrutinio diario, del que tanto aprendo.
Recibo de un banco de inversión internacional el consenso de los estimados de beneficios del S&P 500 norteamericano para los tres últimos trimestres del año. Bien, vamos a dar el periodo abril-junio como amortizado, visto cómo ha transcurrido su discurso bursátil. A la espera de la inmediata publicación de los resultados del indicador, los analistas esperan crecimiento cero del beneficio por acción si no se tuvieran en cuenta a las sociedades financieras, y una caída del 14,9% del mismo (contra el -6,4% previsto a principios de abril) si se añadieran aquellas. Ahora, ¿qué es lo que auguran para el tercer y cuarto trimestres? Un rebote del BPA del 14% de julio a septiembre y nada menos que del 57,7% en el último trimestre del año, con una contribución positiva en ambos periodos de las compañías financieras. Con un par. Yo no sé cómo nadie les denuncia.
Bien, si fuera así, habría que creerse a pie juntillas la estadística que sustenta rebotes sustanciales de las bolsas a seis y doce meses después de que hayamos vivido el octavo peor mes de junio desde 1940 -sólo ha habido dos excepciones, ¿adivinan cuáles?, justo: en los momentos que más se asemejan, a mi juicio, al actual- y apostar por el mensaje de casas como Deutsche Bank, Lehman o UBS que abogan por que la segunda mitad de 2008 va a ser la mejor, en comportamiento de las acciones del índice, de los últimos 26 años del S&P 500. Compren antes de que sea demasiado tarde, vienen a decir. El conjunto de los estrategas de aquél país estima, de hecho, una subida media del 18% del índice en los próximos seis meses. ¿Quién da más? De momento julio no ha empezado demasiado bien aunque, para los más creyentes, puede servir de orientación la reacción que tenga hoy la bolsa a las buenas cifras de Intel y Sun conocidas al cierre de Nueva York ayer.
Un factor adicional para el optimismo se derivaría del fenómeno de destrucción de demanda que, los altos precios del crudo y la eliminación de los subsidios al consumidor en algunos países, estarían provocando sobre el petróleo alrededor del globo. No es de extrañar cuando el gasto en gasolina es superior al coste del coche mismo. O cuando el consumo de energía ha alcanzado porcentajes, en términos de Producto Interior Bruto de las economías desarrolladas, similares a las de la crisis de los 80, lo que en su día se tradujo en una desincentivación del uso que llevó a una congelación, en términos reales, de los precios que se prolongó durante más de 20 años, hasta fechas muy recientes. Este sería el argumento principal de la mayor caída vivida por el oro negro en un solo día desde 1991 (a la espera del cierre), justo en el momento, por cierto, en que algunos analistas norteamericanos señalaban cómo la mayoría de los que apostaban por una bajada del precio de la materia prima habían tirado la toalla como consecuencia de sus constantes máximos periódicos pese a las amenazas sucesivas de derrumbe.
¿Que son dos elementos importantes, beneficios y crudo, que contribuirán a la solución de la crisis? Sin duda. Pero más allá de la credibilidad de los primeros, resultado, hoy más que nunca, de sacar un dedo al aire, y de la capacidad del crudo para irse por debajo de 80-100 dólares, que es donde señalan los más optimistas el nivel de equilibrio, incluida una contracción de la demanda china que recoge de forma alarmisma en el Telegraph Ambrose Evans-Pritchard –ojo, que si se cumple su profecía vamos todos aviados, lectura obligada- lo cierto es que, desgraciadamente, la solución de la crisis no va a venir ni por uno ni por otro. Ni siquiera de un triunfo del sentimiento excesivamente pesimista que, como mucho, va a traer a corto rebotes puntuales cada vez menores.
Se va a derivar del restablecimiento de un sistema financiero que, como señalábamos en estas mismas líneas el viernes pasado, se encuentra en Estados Unidos, literalmente, intervenido como prueba que ayer mismo se limitara la venta en corto en el mercado sobre determinados valores (¿vuelta al pleistoceno financiero?). De ahí que, pese a las caídas, todavía pinten bastos. Miren, si no, la ventana legal que amenaza a las instituciones de aquél país, publicada por Reuters el pasado 30 de junio. Si usted engañó a su cliente al colocarle el préstamo hipotecario, éste puede cancelarlo unilateralmente, ups, y usted, “timador”, se queda con la casa a valoración de burbuja. Claro que, ¿qué se puede esperar de una entidad financiera que se llama Chevy Chase? O lean una de las últimas newsletters de John Mauldin. Por si no le conocen, Mauldin es uno de los principales comentaristas norteamericanos, un agregador que manda sus ideas a un millón y medio de cualificados inversores semanalmente alrededor del globo.
Pues bien, qué dice: que lo que han aflorado de pérdidas bancarias hasta ahora, 400.000 millones de dólares, es, tachán tachán, una cuarta parte de lo que realmente hay, según los estimados de Bridgewater Associates. La mitad sería, ejem, ejem, ¡deuda corporativa! De ser así, y de no haber inyecciones adcionales de capital, algo que dificulta no sólo el papel no de prestamista sino de rescatador de última instancia que han asumido tanto la FED como el Tesoro sino también las pérdidas acumuladas por los fondos soberanos, reacios a poner "dinero bueno sobre dinero malo", el nivel de activo crediticio se tendría que reducir, en aquél país, un 90% para que los balances se reequilibraran. Algo que, según Tony Jackson del FT, ya ha comenzado. Son palabras mayores. Les adjunto el link de Mauldin por si no lo han leído pero el paralelismo con la crisis de los 80, que tardó seis años en solventarse, da si no miedo sí motivos para la desconfianza y la preocupación.
Esta es una crisis endógena del sistema financiero y el que no lo quiera ver, pues nada, que se centre en lo periférico por importante que éste sea. En mi opinión, se equivocará. De hecho, lo explica mejor que yo Mohamed El-Erian, -ahora en Pimco, a donde llegó desde Harvard con unas credenciales inmejorables-, en su artículo del FT del lunes en un ejemplo que no podía estar mejor traído: “el sistema financiero es como la gasolina de su coche. Sin gasolina, no importan ni la solidez del motor, ni la fiabilidad de los frenos, ni los dispositivos de seguridad. El coche no funciona”. Por cierto, que tampoco es mucho más optimista en su descripción de la situación, cuya solución hace descansar en una intervención pública cuyos resultados, y a las cotizaciones de Fannie Mae, Freddie Mac (otro 25% de caída cada una ayer, mucho corto de última hora antes que llegue la prohibición) y los bancos regionales me remito, cada día son más limitados. Es lo que tiene gritar tanto que viene el lobo. Y precipitarse. Que cuando realmente llama a tu puerta....
Es verdad. Llevo dos años no siendo pesimista sino realista sobre la economía inmobiliaria española y los excesos a nivel mundial de los mercados financieros, tratando de poner los apellidos adecuados a las realidades que vislumbraba, advirtiendo de las cautelas a tomar y, por supuesto, sufriendo de un porcentaje de errores elevado, especialmente en el stock picking (natural, cuando el mercado no discrimina, de poco valen las grandes ideas. Error de principiante, McCoy).Y, por supuesto, dando siempre prioridad al Return of Capital por encima del Return on Capital. Mejor tener dinero listo para invertir que no tenerlo. A partir de ahí he considerado más importante el debate que mi columna podía generar que la conclusión a la que servidor llegaba. Y a día de hoy no veo cuál es el punto de inflexión de esta crisis, salvo que los que nadan desnudos, lo digan de una puñetera vez. So sorry. En estos más de dos años, no he querido ni ser pretencioso ni dejar de serlo. Sólo sé que soy afortunado de poder contactar diariamente con todos ustedes. Y de verdad se lo digo: mi mail es una ventana abierta al que se pueden asomar cuando quieran. Sigan siendo cautos. Les espero.
Fuente: Cotizalia
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