COTIZALIA/RADAR
J.Lapetra - 14/07/2008
Y reaparece la crisis financiera, cuando parecía que la liquidez volvía a regresar. Cuando se observaban visos de normalización en los mercados de crédito, la desconfianza financiera vuelve a campar a sus anchas. Fannie Mae y Freddie Mac han desatado el último terremoto, ante las amplias posibilidades de que el Estado tenga que salir en su rescate. EEUU ya ha tenido que tomar el control de la hipotecaria IndyMac, otra entidad hipotecaria que se ha quedado corta de liquidez. El prólogo lo escribieron los SIV (Special Investments Vehicles), el primer capítulo los hedge funds, el segundo las hipotecarias, el tercero, los bancos, el cuarto, las monolines; el quinto, otra vez las hipotecarias y después vendrá algún otro banco.
La siguiente víctima de la actual crisis financiera va a ser el dólar estadounidense, sobre el que se cierne unos nubarrones de desconfianza. Cuando la Reserva Federal (Fed) parecía que tenía claras las cosas, un camino que seguir, ha vuelto a dejar a todos estupefactos desandando el camino andado y abriendo otra vez la puerta a los rescates de instituciones financieras. Lo de IndyMac sucede al episodio terrorífico del Bear Stearns y a las superrebajas monetarias (del 5,25% al 2%) realizadas durante la crisis. Además, el viernes, la Fed abrio el grifo de la ventana descuento -esa fórmula de financiación de emergencia para bancos comerciales, primero, y de inversión, después- a las agencias semiestatales Freddie Mac y Fannie Mae.
En consecuencia, con el sector privado de las finanzas hecho unos zorros, se avecina un nuevo golpe para EEUU en esta crisis. El enésimo proceso de caída del dólar estadounidense. George W. Bush inició su mandato con una balanza de pagos en equilibrio y saneada, crecimiento económico y un dólar en cotas de 0,82 dólares por euro. Ocho años después va dejar tras de sí un déficit de un billón de dólares, el PIB al borde de la recesión y la emblemática moneda en 1,6 dólares por euro, a la mitad de su valor. En ese periodo, el precio del petróleo -denominado en dólare- se ha salido de órbita, pasando de apenas 20 dólares a más de 140.
El punto de partida semanal es de 159 centavos de dólar. Los inversores, ante la nueva ola de desconfianza surgida en el sector hipotecaria de EEUU y las amplias posibilidades de que se tenga que utilizar dinero público para su rescate, huirán de todo lo que huela a dólar. Sí. No hay ahora mismo nada que sostenga los flujos de inversión extranjeros hacia las arcas del Tesoro que dirige Hank Paulson, el ex jefe de Goldman Sachs. Tanto éste como Ben Bernanke, responsable de la Fed, han asegurado que mirarán para otro lado ante la próxima caída de instituciones financieras para asegurar la disciplina del sistema. Han faltado a su palabra con IndyMac, pero puede que no les quede más remedio que cumplirla con otras sociedades de menor tamaño.
El dólar sufrirá como nunca en esta crisis en las próximas semanas, salvo los bancos centrales (Fed, BCE, Canadá, Australia, Japón...) se alineen para contener una turbulencia sobre la divisa. Puede que se necesite incluso, la ayuda de China y su ya decisivo banco central. La divisa estadounidense ha pasado en el último año de 1,36 a los 1,59 dólares actuales, que supone una depreciación del 17% aproximadamente. Una caída muy dura que están sufriendo casi todos los agentes de mercado. Y puede venir más. En el mercado ya se barajan apuesta de 1,7 y 1,8 dólares para este verano, un tipo de cambio que puede ser demoledor para los exportadores europeos. Y, además, traerá consigo nuevos ascensos de los precios del crudo. Según calculos de Barclays Capital, la correlación entre los movimientos del euro/dólar y el crudo es la más alta desde la introducción de la moneda única. Por cada subida o caída del 10% del petróleo se traslada un movimiento del 1% para el tipo de cambio; al contrario, el efecto divisa es menor: por cada 1% de vaivén entre las dos monedas se traslada un impacto del 1,2% al oro negro. Estadística dixit
La siguiente víctima de la actual crisis financiera va a ser el dólar estadounidense, sobre el que se cierne unos nubarrones de desconfianza. Cuando la Reserva Federal (Fed) parecía que tenía claras las cosas, un camino que seguir, ha vuelto a dejar a todos estupefactos desandando el camino andado y abriendo otra vez la puerta a los rescates de instituciones financieras. Lo de IndyMac sucede al episodio terrorífico del Bear Stearns y a las superrebajas monetarias (del 5,25% al 2%) realizadas durante la crisis. Además, el viernes, la Fed abrio el grifo de la ventana descuento -esa fórmula de financiación de emergencia para bancos comerciales, primero, y de inversión, después- a las agencias semiestatales Freddie Mac y Fannie Mae.
En consecuencia, con el sector privado de las finanzas hecho unos zorros, se avecina un nuevo golpe para EEUU en esta crisis. El enésimo proceso de caída del dólar estadounidense. George W. Bush inició su mandato con una balanza de pagos en equilibrio y saneada, crecimiento económico y un dólar en cotas de 0,82 dólares por euro. Ocho años después va dejar tras de sí un déficit de un billón de dólares, el PIB al borde de la recesión y la emblemática moneda en 1,6 dólares por euro, a la mitad de su valor. En ese periodo, el precio del petróleo -denominado en dólare- se ha salido de órbita, pasando de apenas 20 dólares a más de 140.
El punto de partida semanal es de 159 centavos de dólar. Los inversores, ante la nueva ola de desconfianza surgida en el sector hipotecaria de EEUU y las amplias posibilidades de que se tenga que utilizar dinero público para su rescate, huirán de todo lo que huela a dólar. Sí. No hay ahora mismo nada que sostenga los flujos de inversión extranjeros hacia las arcas del Tesoro que dirige Hank Paulson, el ex jefe de Goldman Sachs. Tanto éste como Ben Bernanke, responsable de la Fed, han asegurado que mirarán para otro lado ante la próxima caída de instituciones financieras para asegurar la disciplina del sistema. Han faltado a su palabra con IndyMac, pero puede que no les quede más remedio que cumplirla con otras sociedades de menor tamaño.
El dólar sufrirá como nunca en esta crisis en las próximas semanas, salvo los bancos centrales (Fed, BCE, Canadá, Australia, Japón...) se alineen para contener una turbulencia sobre la divisa. Puede que se necesite incluso, la ayuda de China y su ya decisivo banco central. La divisa estadounidense ha pasado en el último año de 1,36 a los 1,59 dólares actuales, que supone una depreciación del 17% aproximadamente. Una caída muy dura que están sufriendo casi todos los agentes de mercado. Y puede venir más. En el mercado ya se barajan apuesta de 1,7 y 1,8 dólares para este verano, un tipo de cambio que puede ser demoledor para los exportadores europeos. Y, además, traerá consigo nuevos ascensos de los precios del crudo. Según calculos de Barclays Capital, la correlación entre los movimientos del euro/dólar y el crudo es la más alta desde la introducción de la moneda única. Por cada subida o caída del 10% del petróleo se traslada un movimiento del 1% para el tipo de cambio; al contrario, el efecto divisa es menor: por cada 1% de vaivén entre las dos monedas se traslada un impacto del 1,2% al oro negro. Estadística dixit
Fuente: http://www.cotizalia.com/
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